
La frase “creer es crear” ha ganado muchísima popularidad en los últimos años, y no es para
menos. Es motivadora, esperanzadora y nos invita a pensar que el poder de manifestación
está en nuestras manos. Sin embargo, ¿qué tan profundamente estamos entendiendo esta
afirmación? A menudo, se interpreta con una liviandad que ignora el verdadero trabajo que
hay detrás.
Creer no es simplemente desear algo y esperar que aparezca por arte de magia. No es una
fórmula mágica que omite el proceso interno. Si lo abordamos de esa manera, corremos el
riesgo de caer en la frustración y la auto-culpabilización cuando las cosas no salen como
esperamos.
La Banalidad de un Creer Superficial
Cuando la frase se reduce a una idea simplista, se vuelve vana. Se convierte en un eslogan
que puede llevarnos a:
- Minimizar el trabajo personal: Si solo “creo”, no necesito actuar.
- Ignorar la realidad: Mis creencias son suficientes, no importa lo que esté sucediendo a
mi alrededor. - Generar culpa: Si no estoy creando lo que quiero, es porque no estoy «creyendo lo suficiente».
Esta visión superficial de «creer es crear» es un flaco favor a nuestro crecimiento personal y espiritual. Nos distrae del verdadero propósito de esta poderosa verdad.
El Verdadero Trabajo de Creer: Un Viaje Interior
Para que «creer es crear» sea una herramienta de manifestación genuina, debemos entender que creer es un trabajo espiritual profundo. Implica una inmersión en nuestro mundo interno, una voluntad de autoconocimiento y la valentía de enfrentar lo que nos limita.
Aquí es donde comienza el verdadero camino:
1. Reconocer Patrones Limitantes
Antes de poder crear conscientemente, necesitamos hacer una pausa y reconocer los patrones de pensamiento y comportamiento que nos están frenando. Estos patrones son como anclas invisibles que nos impiden avanzar. Pueden ser:
Creencias arraigadas: «No soy lo suficientemente bueno», «el dinero es difícil de conseguir», «siempre me pasa lo mismo».
Miedos profundos: Miedo al fracaso, al éxito, al rechazo.
Hábitos inconscientes: Procrastinación, auto-sabotaje, evitación.
Este reconocimiento no es un acto de juicio, sino de observación. Es poner una luz sobre lo que antes estaba oculto en la sombra. Es un paso crucial porque no podemos transformar lo que no conocemos.
2. Soltar Patrones Limitantes
Una vez que hemos reconocido estas limitaciones, el siguiente paso es soltarlas. Y aquí es donde la «liviandad» de la que hablábamos al principio se disipa por completo. Soltar no es un evento de una sola vez; es un proceso continuo que puede implicar:
Cuestionar nuestras creencias: ¿Es realmente cierto lo que pienso? ¿De dónde viene esta idea?
Reemplazar pensamientos negativos: Entrenar nuestra mente para elegir pensamientos más empoderadores.
Sanar heridas emocionales: A veces, los patrones limitantes tienen raíces en experiencias pasadas que necesitan ser procesadas.
Cambiar hábitos: Consciente y deliberadamente, elegir nuevas acciones que estén alineadas con lo que queremos crear.
Esto requiere disciplina, paciencia y autocompasión. Es un acto de amor propio y de profunda responsabilidad sobre nuestra propia vida.
La Creación Consciente
Cuando realizamos este trabajo interno de reconocer y soltar, nuestro «creer» se vuelve mucho más poderoso y auténtico. Ya no es un deseo vacío, sino una convicción arraigada en un terreno fértil que hemos preparado nosotros mismos.
Entonces sí, creer es crear, pero solo cuando ese creer se funda en la conciencia, el autoconocimiento y la valiente decisión de despojarnos de aquello que nos impide volar. Es un viaje de transformación, no un atajo mágico.
La única y más poderosa magia es alinear lo que pensamos, sentimos y hacemos.
Suelto y Confío!
Celeste